Jacques Ellul

Nombre: Jacques Ellul

Nacimiento: 6 Enero 1912 Lugar: Burdeos, Francia

Fallecimiento: 19 Mayo 1994 Lugar: Burdeos, Francia Edad: 82 años

Obras más importantes: Anarquía y cristianismo. Autopsia de la revolución.

Biografía: Jacques Ellul nació y vivió en Burdeos, Francia, (6 de enero de 1912 – 19 de mayo de 1994) fue un filósofo, sociólogo, teólogo, y anarquista cristiano francés. Fue educado en las universidades de Burdeos y París.Fue profesor de historia de la ley e historia social en Burdeos y miembro relevante de la comunidad protestante francesa. Escribió varios libros contra la sociedad tecnológica, y algunos sobre la relación entre el cristianismo y la política, tal como “Anarquía y Cristianismo” (1991) argumentando que el anarquismo y el cristianismo compartían los mismos fines sociales.
Es considerado, junto a su amigo Iván Illich, como uno de los padres de las ideas sobre el post-desarrollo, de decrecimiento y de simplicidad voluntaria; es decir de la ecología política.
Jacques Ellul considera que vivimos en una sociedad tecnológica, que denomina sistema técnico, cuyo modelo de racionalidad es la eficacia. El hombre es un ser constituido por una gran diversidad de dimensiones (poética, simbólica, religiosa, técnica, etc.) pero la tecnología ha borrado todas las demás dimensiones, para centrarse en la potencia y en la eficacia. Ante esta situación propone una etica del no-poder, que se caracteriza por no colaborar con el sistema técnico. El no-poder es lo contrario de la impotencia y se carateriza por la frase puedo pero no quiero.
Durante la Segunda Guerra Mundial, fue un líder en la resistencia francesa.

PENSAR LA TÉCNICA: UN TEMA CENTRAL EN LA OBRA DE JACQUES ELLUL.

De una manera un tanto esquemática, se podría decir que Jacques Ellul hace un intento de pensar “a partir de Marx y Kierkegaard”. Marx es el gran pensador de la técnica que -en sí misma- es el hecho empírico determinante en la vida moderna. Kierkegaard es el pensador de la fe, el caballero cristiano en una época en que el cristianismo se ha convertido, quizás, una convención social, una rareza o una extravagancia. Jacques Ellul, como pensador religioso (aunque quería separar estrictamente los dos niveles -sin lograrlo), analiza el sagrado en la era de la técnica, bastante consciente de que se ha convertido en una suplantación: ahora -y hablando sociològicament- el sagrado no es lo trascendente, sino que se ha llevado a cabo lo que, en vocabulario marxista, podríamos considerar una “alienación” del hombre en la técnica. Marx, a través del materialismo de Feuerbach había identificado la alienación con la falsa conciencia “religiosa” a la que el hombre vive subordinado. Pero este análisis pecaba de ingenua. No es la religión, sino la tecnología lo que hoy ajena básicamente los contemporáneos. El sentido en las sociedades técnicas ya no se busca ahora “más allá” -o en el corazón humano- sino en los utensilios que el hombre ha fabricado pero que, y esto es básico, los humanos ya no controlan. El sentido de desamparo del hombre ya no la experimenta por alguna falacia religiosa sino por el hecho, cada día más obvio, que los humanos en vez de dominar sus producciones tecnológicas, son dominados por ellas. Es la tecnología -y no el hombre- quien decide qué hacer, que el correcto y que es justo. Y lo hace movida por sus propios intereses y no por los intereses humanos. La forma de la alienación actual ya no se puede explicar exactamente en los términos clásicos del hegelianismo, ni en un marxismo economicista, sino que se han de captar a través de una comprensión profunda del sistema técnico. La tecnología tiene un “logos” propio. Es ella la que nos dirige -la que decide no sólo qué podemos hacer sino, incluso, qué podemos querer. El medio humano es el medio técnico. La economía no es la causa de la tecnología sino su consecuencia. Marx lo intuyó pero los marxistas lo han pasado por alto -y por eso la sociedad del “socialismo real” terminó siendo una mala copia (ineficiente) de la sociedad socialista: el “socialismo real” y el capitalismo comparten la misma obsesión tecnológica y por eso no eran diferentes en el fondo. Marx ha aportado el concepto de alienación y ha descubierto que la tecnología actúa como instrumento alienante. Pero ha confundido la causa con la consecuencia: el dinero es el producto y no la causa de la alienación. Y en cuanto a la “religión de la tecnología” es obvio que ella también ha creado sus inquisiciones y sus herejes, como una mala copia de las iglesias. La tecnología es una forma de pensamiento estrictamente humana y, en este sentido se puede decir que el pensamiento tecnológico es anterior a la máquina. Las máquinas, lo que hacen es acentuar y desarrollar esta tendencia a “dominar el mundo”, es decir, a pensar como un objeto. Cuando el hombre prehistórico ponía piedras en medio del curso de un río para poder atravesarlo, no tenía aún las herramientas o máquinas, pero ya disponía de la mentalidad tecnológica. Es obvio que la relación del hombre con la técnica hasta el siglo XVIII era diferente de la actual. Hasta entonces técnica era local (podía haber una tecnología diferente en cada país y no se conocía en Occidente la tecnología china, por ejemplo); los cambios eran muy lentos y cada máquina necesitaba, como mínimo, un obrero que la vigilara. Hacían falta varias generaciones de humanos para desarrollar una tecnología. De esta manera, podríamos decir que la técnica no era central en la vida humana. Pero, a partir de la revolución industrial, los instrumentos se han hecho muy precisos, han ido ganando espacio en la vida humana y, poco a poco, los humanos haciendo la experiencia de una técnica que se les impone y ante la que no es posible elegir. Ahora, en una sola vida humana es posible ver pasar varias generaciones de tecnologías cuando hasta el XVIII era al revés (hacían falta varias generaciones humanas para imponer una tecnología). Ahora un solo operario puede vigilar muchas máquinas y, incluso, se puede prescindir del control humano de la máquina. Pero si esto ocurre no es por ningún tipo de extraña conspiración sino porque el hombre es un ser que, del mismo modo que puede poetizar, también puede pensar técnicamente. Y, a partir de la revolución industrial, esta característica se ha extendido sin freno, por lo que amenaza a todas las otras dimensiones de lo humano. La filosofía desde el Renacimiento ha hecho un gran esfuerzo para pensar tecnológicamente. Otras formas de pensamiento (poético, emotivo …) han sido desterradas en pro del pensamiento técnico. Sólo hay que recordar tres filósofos clave en la comprensión técnica del mundo: Bacon, que propone como norma su “saber es poder”, Descartes que piensa la matemática como modelo de ciencia y Hobbes que piensa el Estado como un cuerpo y concibe la política como una física de las fuerzas sociales. La idea racionalista del hombre máquina se puede realizar hoy de una manera siniestra. Como dice Riera y Tuèbols, el hecho de que la ciencia moderna se construye a partir del modelo de la física newtoniana ha significado que todo una corriente filosófica (el escepticismo de Montaigne) quedaba desterrado para poner el acento sobre un modelo científico que ponía como principal valor la exactitud y la centralización. Sólo con el paradigma cuántico ha sido posible repensar el escepticismo … Una elección científica nunca es neutra e implica también un trasfondo social y cultural. Para Ellul, como para muchos de los pensadores de la tecnociencia contemporáneos (Jonas, Leopold …) la “neutralidad axiológica” de la ciencia (tal como pensarla Max Weber) es el mito más peligroso que hemos podido construir. La tecnociencia no es neutral sino que implica un conjunto de valoraciones. Ha sido construida a partir de una determinada comprensión del hombre y tiene unas consecuencias que se han llegado a independizarse de las necesidades humanas. Esta intuición es inseparable de la idea, típicamente protestante y paulina, del “dios escondido”. La era de la técnica es la ficción de un tiempo en que se ha intentado vivir sin la experiencia de lo sagrado y -en consecuencia- se han producido ídolos mecánicos.

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